Lo llaman "pequeño monstruo"
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Seré franco: hay gente que es un monstruo. Encontramos a este chico con la mitad de la cara destrozada. No fue un accidente ni una pelea; las marcas eran heridas de arma blanca limpias y deliberadas.

Han pasado tres meses desde su cirugía. Ya se recuperó, pero se ve diferente. Se ha convertido en el perro por el que nadie pregunta. ¿Pero dentro del refugio? Es el alma de la fiesta. Tiene muchísima vida. Se pelea juguetonamente con otros perros y corre hacia cualquier desconocido con la cabeza ladeada, curioso como siempre. No sabe que es un monstruo. Simplemente se cree un buen chico. Y tiene razón.